Este Columbario, gracias a la historia y el arte de una parroquia milenaria, crea un ambiente de gran espiritualidad. Está presidido por la imagen del Cristo crucificado, una talla de gran valor recién restaurada, datada hacia el año 1500, y cuyo rostro transmite una inmensa paz. Contemplando este Cristo y frente a él las hornacinas de los difuntos, las familias podrán rezar, y permanecer sentadas si lo desean, junto a los restos de sus seres queridos. Frente al Cristo, se ubican las CIEN hornacinas, realizadas en madera de roble, como las sepulturas del templo, y repartidas en cinco filas. Cada hornacina está presidida por una fina cruz metálica de diseño, cuya sombra se proyecta mediante un efecto luminoso especial.
Todas las hornacinas son individuales, aunque tienen capacidad para acoger las cenizas de dos difuntos, si las familias eligen esta opción.
Cada hornacina es identificable, a simple vista, de forma personalizada, ya que cuenta con una placa situada al pie de la misma con los datos personales del difunto o de la familia (nombre, fecha de defunción, según lo deseen las propias familias).